INTRODUCCIÓN

Percibo la música como un tema que despierta controversias en nuestra iglesia adventista. Y se me antoja describir tales controversias con una imagen caricaturesca (quizás vi demasiadas caricaturas cuando niño): una nube de polvo de donde salen puños, pies, "estrellitas"... y hay gente afuera mirando, algunos pensando que ni siquiera vale la pena "entrarle", aún estando involucrados activamente en algún área de la música en la iglesia. Algunos otros salen y entran periódicamente (y se hacen de algunos moretones) y algunos se mantienen permanentemente en la "nube". Y me pareciera ver rostros, tanto en esa nube como en los espectadores, en su mayoría perplejos. Hay certeza en algunos defensores de ciertas posiciones, pero también hay grandes "áreas grises" en las que a veces prefieren no opinar o que defienden dogmáticamente.

Creo que somos una iglesia bendecida con luz. Con conocimiento, instrucción, un pueblo que busca la voluntad de Dios en su Palabra. Creo que la revelación profética moderna nos da una "ayuda extra" en este sentido. Y creo que este es un tema sobre el cual hay mucha instrucción, mucha revelación... no lo considero en la categoría de "las cosas ocultas" que pertenecen a Dios. Pero ¿Y la nube? Allí está, no cabe duda. Leo artículos, escucho opiniones y percibo mucha falta de unidad y de compromiso, y si están de acuerdo conmigo se preguntarán: ¿y dónde está la luz? Recordemos algo: Dios es un padre amoroso que desea que desarrollemos criterio, que maduremos, que comamos sólido. No nos va a dar masticado y en la boca. Y he llegado a la convicción de que la música es un tema tan importante y lleno de riquezas de sabiduría, que tenemos que trabajar duro y profundizar en él para hallar respuestas. Esa es mi primera premisa. Creo que la idea de que "es un tema importante" flota entre nosotros, pero no ha hecho raíz en nuestros corazones, el tipo de convicción que nos hace dedicar tiempo al estudio, reflexión y consideración "tesonera" del tema. Y como resultado actuar congruentemente con nuestras conclusiones.


Pretendo compartirles desde este espacio mis hallazgos al respecto. Lo hago motivado por la seguridad de una verdad increíble: Dios puede usar instrumentos tan indignos como yo para comunicar cosas importantes. Y si alguien halla útil lo que yo comparto, me uno a un gigante de la música sacra en unísono atemporal al exclamar: ¡SOLI DEO GLORIA!

lunes, 21 de septiembre de 2009

Importancia, e incongruencia laodicense

Se que muchos querrán saltarse esta entrada. Vamos, ¿quién no entiende la importancia de la música en los cultos de nuestra iglesia? De verdad, les invito a reflexionar conmigo sobre este tema en el que todos somos "tan eruditos"... a lo mejor nos sorprendemos de lo que podemos encontrar, no solo sobre el tema, sino sobre nosotros mismos. Bien, mencionaré muy rápidamente lo obvio. Desde el génesis hasta el apocalipsis (imposible dejar de mencionar los salmos, aunque sea de pasada) la Biblia presenta una relación estrecha y prácticamente indivisible entre la música y la adoración, en la tierra así como en el cielo (guardadas las proporciones, por supuesto). Debería bastar para tener la perspectiva correcta de su importancia. Y hasta aquí todos estamos de acuerdo. "Ah sí, indiscutible, siempre debe haber música en los cultos". Y procuramos que la haya, unos más y otros menos. Nos enredamos en tremendas discusiones sobre la que es adecuada y la que no, la forma de presentarla (si hay instrumentos que se deben usar, como se va a dirigir) sobre si tiene valor moral intrínseco o si no lo tiene y lo que importan son las palabras... Y hasta allí llegamos... o ¿me equivoco? Pero ¿hay que hacer más?? Me recuerda algunas experiencias que he escuchado sobre gente que toma estudios bíblicos: Última lección de "la fe de Jesús". El laico está contento. Está a punto de llevar un alma a los pies de Cristo. Y ¿ha comprendido todo? pregunta. "Todo está muy claro, la Biblia es clara y consistente" recibe por respuesta (en esencia). "Bien, en dos semanas habrá bautismos en un programa especial de evangelismo, sería muy hermoso que pudiera hacer pública la confesión de su fe en esa ocasión". "¿Bautismo?... no... no se, no me siento listo para el compromiso... trabajo en sábado..." todo se derrumba. Convencido, pero incongruente.

Seré más concreto: ¿Es la obra médica importante? no me contesten teóricamente. Llévenme a un "tour" por el complejo médico en Loma Linda, solo por mencionar uno de muchos hospitales de primer nivel (así reconocidos por todo el mundo), propiedades de nuestra organización. Hay hechos, hay INVERSIÓN (en todos los sentidos, no solo hablo de dinero), en la obra médico-misionera. Un bloguero hablando de lo importante que debe ser la obra médica sería un ocioso empedernido. Quizás hayamos creído hasta ahora que la música está en un nivel más bajo en importancia... Pero en lo poco que he leído he encontrado que Elena White consistentemente habla de la música como un inmenso poder para el bien espiritual, una influencia que llega a donde a veces NADA más podría hacerlo y maravilla de maravillas: un agente que nos prepara para el cielo. (La voz, su educación y uso correcto p. 462, 463, 481 etc.). Por supuesto, para un adventista, prepararse para ir al cielo es de primaria importancia. Pero he aquí los hechos parecen presentar una incongruencia. ¿Qué dice Jesús acerca de la actitud de alguien que se prepara para ir al cielo? Mateo 13:44-46:
»El reino de los cielos es como un tesoro escondido en un campo. Cuando un hombre lo descubrió, lo volvió a esconder, y lleno de alegría fue y vendió todo lo que tenía y compró ese campo.»También se parece el reino de los cielos a un comerciante que andaba buscando perlas finas.Cuando encontró una de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.
 Nos estamos quedando cortos. Quizás pensábamos que la música era un complemento, algo que Dios nos da para deleitarnos y ver la vida más bella. ¿Qué tal la perspectiva de que nuestra más cara esperanza está íntimamente relacionada con ella? ¿No daríamos todo lo que tenemos por recibir la bendición que la música puede ser para nuestra vida espiritual, para la gran comisión para la que pretendemos trabajar y para nuestra preparación para el reino futuro? Pero ni siquiera hay un ministerio organizado en nuestra iglesia. Que dirijan los que vemos más "conocedores" o interesados en el asunto. Que toquen y canten los que saben y como puedan. Y todo "misioneramente", el obrero de la palabra es digno de su salario, pero el de la música casi casi peca si quiere comer de su trabajo. Compare el lector, si tiene verdadero interés en el asunto, nuestro ministerio musical y los de otras denominaciones que no tienen perspectivas tan elevadas al respecto. Ministerios musicales cuidadosamente planeados, organizados y coordinados con todos los demás ministerios. No tenemos eso en nuestra iglesia, y al parecer no tenemos consciencia de que nos haga falta.

El enemigo conoce muy bien la bendición que podría representar un ministerio musical bien organizado y coordinado. ¿Qué montaña elige para obstaculizar la realización de esto? Una que contradiga la fórmula de éxito que nos da Jesús en su oración intercesora: "Que todos sean uno". Bandos: conservador, liberal. Culturas distintas. Gusto personal. Punto para el enemigo: tiene estratégicamente anulado uno de los agentes que podrían ser más poderosos en contra de su causa. Y estamos al pie de la montaña derrotados, derrotados no tanto por que no se pueda (en Cristo), si no porque con habilidad el enemigo nos insinúa que es una montaña que en realidad no vale la pena atravesar. Que hay otras cosas más importantes. Que nunca llegaremos a un acuerdo. Y le hacemos caso. Se aprovecha de nuestra ceguera laodicense, de nuestra tibieza en buscar lo más importante y de la facilidad con la que tendemos a estar separados en bandos y categorías.

Tengo que decirlo, aunque es bien sabido. No es la falta de talento, Dios da a manos llenas a su pueblo; me consta y le debe de constar a cualquiera que tenga un espíritu observador. Mucho talento, permítanme los superlativos para poder expresarlo adecuadamente: en abundancia, rebosante (se tira por los bordes de la copa). Pero no hay un ministerio organizado para encauzarlo, para hacerlo florecer... se lo deja crecer como si fuera planta silvestre. Y siguiendo con la analogía, una planta fina que se deja crecer sin cuidados, a la buena ventura es, en el menor de los daños, un gran desperdicio. Y eso es lo que está pasando con la música en la iglesia adventista.

No, no tenemos un ministerio musical organizado y muchos ni siquiera tenemos la idea de como debería de ser esto, porque ¡es tan difícil tener la visión de algo que no hemos experimentado! Pues yo les quiero compartir mi visión, que tampoco he adquirido fácilmente. Me ha representado mucha inversión de tiempo, oración, estudio y algo de experimentación. Quizás más de uno de los lectores tenga una visión como la mía o más completa. Compleméntenme, porque nadie tiene la verdad completa y absoluta, Dios diseñó la iglesia para que todos aportemos algún grano de arena en el área en la que nos toca participar.

3 comentarios:

  1. Uh, siempre me hará falta leer o escuchar más acerca de como debe ser la música que utilicemos en nuestra iglesia. Es otra manera de dar testimonio y en este punto estamos fallando grandemente. Es increíble que teniendo 527 himnos, es horrorosamente difícil hallar uno en las grabaciones de personas adventistas. Mis felicitaciones master y te suplico no te detengas, comparte con nosotros lo que el Señor te ha enseñado. Un abrazo.

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  2. Puedes verlo en: http://fabianrgms.blogspot.com/

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  3. Bueno ni hablar, los conciertos cristianos en Tijuana se abarrotaban inclusive de gente que no pertenecía a ninguna denominación protestante.

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